Ella es mi fuego

Una sonrisa pletórica y unos ojos cándidos de fulgurante belleza. Gran suma entre dos perfecciones que divergen.

Una mirada ávida, noble y pía; opacando todas aquellas que contemplé con delectante asombro. Seducido por bellas miradas a quienes idolatré ignorando la verdadera fuente de su belleza.

Esta ruda impresión, Oh villanía, su boca dócil ante mi atrevimiento. Que fortuna de ser rival lidiando contra el temerario halago. Como muchos otros Hidalgos, enemistado con ira valiente por obtener tan dulce comedimiento.

Si venzo, pierdo su amor por mi osadía, si soy herido, gano su odio por mi cobardía.

Y esos ojos, rutilantes esferas, en esplendorosa natura fantástica.

¿Qué los hace brillar tanto?

Si de ellos brota luz, como creando estrellas, si ellos poseen el objeto que yo más amo.

Una delicia admirable, contemplar el curso de los cuerpos celestes, pero desde que he visto sus ojos, ¡Oh brillante majestad! Su mirada contiene el cielo.

Ese aspecto celestial de ángel esplendoroso, arquetipo vestal de belleza, ¿Qué otra forma tomaría la belleza? Si fuera de alguna otra apariencia. Tomaría su estructura de esbelta traza, ¿Sería llamada belleza en su nueva apariencia? ¿O debería llamarla por tu nombre?
Porque…

¿Qué sería su nombre sin su figura?

¿Y qué sería mi gallardía sin el aliciente de su nombre?

En otras palabras no menos oportunas, ¿Qué sería de mí, sin su grandiosa existencia? Lo más importante de este verso, que eres tú a pesar de mi inexistencia. Porque eres la combustión que origina mi fuego, eres por quien peleó Prometeo, fuiste la belleza en Troya ardiendo, y en el cielo el carro de Faetón con sus corceles de fuego.

Mira que venir a incendiar mi mundo, sabiendo que yo soy tan sensible a tu fuego.

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Violadora

Ella era mi violadora favorita, la que me profanaba con la delicadeza de plumón pero también con la rudeza de la locura.

Una violadora implacable.

En el buen sentido de la palabra y también en el sentido inmoral de la definición.

Ella era mi vicio desquiciante, mi muerte lenta en el candor de mi inocencia, mi profanadora, la demencia con vientre, ese cuerpo anatómico perfecto envuelto en el satín de un motel barato.

Cada noche sus brazos de alambrada, laxos en mi pecho hambrientos de fuego, cediendo al ave flamígera el abrigo de los cuerpos.

Ella, tan violenta y profana, violadora increíble, seductora potente y enloquecedora de mis sentidos. Había sido una violadora tan maravillosa, con un trato delicioso, enamorada de la desgracia, era para ella un sofisticado coqueteo impredecible, saboreaba las cerezas como si fueran besos, escuchaba Blondie y Annie Lenox a la intemperie de una fría soledad.

Cuando era violado por ella, ni siquiera me sentía usado o culpable de su despreciable encuentro sexual, me sentía acompañado, entendido, porque rompía mi soledad como me rompía entre sus manos y sus piernas, como un muñeco que intenta ser reparado, pero antes, es usado para comprobar sus fallas.

Así era con ella. Yo sólo era un muñeco irreparable y ella era incapaz de reparar algo.

Así fue la historia.

Yo fui violado por ella, quien dijo, que no podía dañarme, pero nunca mencionó que tampoco podía repararme.

La higuera

Estoy solo otra vez, ni siquiera admito que he fallado en mi intento por no estar solo. Me ha dado cuenta que la abrumadora soledad no es tan terrible en realidad, comparada con esa necesidad de buscar compañía. Y es que yo estoy hecho solamente para complementarme con el vacío.

Me sentía tan incompleto queriendo estar completo. Como si fuera un árbol a orilla del río, sediento y estéril.

Era esa pretensión del adorno superfluo, de la vanidad masculina, un poco también, de una irremediable locura que me atrae al desastre, sabiendo desde antes que todo puede resultar mal, también porque me apasiona el peligro al romper con la monotonía, para que al final de todo este vano intenta, prefiera mi soledad, mi aislamiento y sobre todo mi inquebrantable rudeza innecesaria.

Llegó el momento que me enfrenté a la compañía, intentando huir de aquellos brazos amorosos, de los labios preciosos en busca de mi afecto, desdeñando el calor de una mujer, que intentó darme su abrigo cuando yo parecía atormentado por mi soledad, pero era tan difícil de admitir que en realidad, siempre he saboreado esta soledad y que me repugna la compañía eterna y vacilante, pero a veces puedo fingir queriendo ser un hombre y no un sociópata.

También es cierto, que imploraba por un complemento salvaje y servicial, pero me aterraba el hecho de tener que aferrarme a un cuerpo femenino en espera de la gratificación, no era miedo quizá, si no esta inoperancia que me aleja de todas las normas sociales, me aleja constantemente de una vida cotidiana y ufanosa.

Y es que yo soy un inútil.

Ahora solo quiero apegarme a este vacío, a la soledad que me abruma, no me complace buscar ninguna compañía, ya no quiero ese alimento, ni quiero el cuerpo de mujer, ya no deseo buscar complemento, así en mi soledad me regodeo como un artista, lo demás ya no me interesa.

Siempre seré el árbol que crece a la orilla del río, que muere de hambre y sed. Ese soy yo. Ese seré.

La Fragilidad

La vida es tan frágil.

Que vivimos tiempos de fragilidad asombrosa. Donde las personas desconocen la fortaleza, viven la vida llorando y quejándose de la inmundicia. Se quiebran las promesas, no se respeta la palabra, el trato cortés y sofisticado, se ha olvidado, solo quedan engaños.

Cuanta fragilidad hay en todos los hombres.

Todo es endeblez y cobardía. El que se atreve a lanzarse solo al abismo, valiente, preso de su propio arrojo, fallece solo, contemplado por idiotas y por cobardes. A veces he querido llorar, ya no se si es valentía o cobardía en este momento de mi historia.

Llega ese momento tan especial, cuando concluyes que todo asquea y La Náusea vuelve a emerger como una batalla perdida entre el Brevario de Cioran y la futilidad de Camus en El Extranjero, porque si, todo es ajeno, incluso uno mismo se pierde buscando no caer al abismo, esa búsqueda es lo que hace completamente inútil.

Porque uno ya está dentro del abismo, la odisea comienza cuando queremos salir de ese abismo, pero nos falta valor, nos falta voluntad, fuerza, rebeldía, todos nos volvemos cobardes ante el abismo y la vida parece más frágil.

Es que, es más fácil ser cobarde que ser valiente.

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Mi vida maravillosa

Y todo te jode o todo lo jodes.

A veces es más fácil fingir que sientes algo por miedo al vacío cuando no puedes amar a nadie.

Recuerdas nunca antes haber amado. Esas mariposas en el estomago que sentías, era pura lujuria.

Y en tu soledad extrañas el calor humano y las ridiculeces del cortejo. Pero vuelves a rendirte a la compañía y extrañas todo el vacío que te rodeaba, tu ego, tu insatisfacción y tu creatividad.

Es una sensación incomprensible. Porque admites tu vacío y quieres llenarlo con algo o con alguien pero cuando llega alguien intentando llenarlo, te fastidia la compañía y quieres de nuevo lanzarte al abismo de tu vacío.

No se que hacer con esta dualidad.

¿Puedes abrazar la lluvia?

Era conocido como El Loco no sabría exactamente si realmente estaba loco, o solo era extravagante, nunca fue pendenciero, yo hablaba poco con él, incluso muchas veces me parecía coherente, es ahí cuando todos decimos que tenemos un poco de locura y razón a veces equilibrada otras veces totalmente desequilibrada.

Su historia fue bien conocida.

Era el loco que no lloraba, solmente reía, su gran sonrisa lo hacía parecer un hombre bueno. ¿Pero quién es bueno realmente?

Por muchos años fue un hombre carismático. Sin lograr convertirse en un modelo a seguir para mí. Supongo que tampoco era su misión en la vida. Fumaba mucho y todavía fuma, aunque dejo de beber, creí que con la bebida se iría también su risa predilecta y sustanciosa. Pero no fue así, seguía alegre e irreparablemente dulce pero con una supina ignorancia de la realidad presente. Sobre todo de mi propia realidad. 

El loco se confrontaba con todo, como si se hubiera reprimido por muchos años y que ese silencio hubiera explotado ahora como una condena violenta y atroz. 

Era el loco insatisfecho con la vida, un pesimista lleno de optimismo, solitario lobo de mar, abandonado en el puerto

Y ese loco era mi padre. Estaba loco, loco, loco. 

Y ese loco no me quería, me ignoraba y me desanimaba en todo, tuvo que pasar mucho tiempo para que su autoridad moral estuviera desbaratada y pudiera entonces comprender su locura, si estaba loco, también estaba confundido. 

Siempre que lo observaba a contra luz, quería correr a abrazarlo, que ya no estuviera loco, que no estuviera enfermo, ni hambriento, que su pelo canoso volviera a ser ébano etíope, que no hubiera abandonado al que fui de niño, o que al menos ya no apareciera nunca y no tuviera que romper mi ilusión de mi idea que significaba tener un padre.

Un día quise abrazarlo… pero no lo hice.

¿Puedes abrazar la lluvia?

Dijo el loco y se fue persiguiendo el viento. Yo me quedé con el amago de mis abrazos, otra vez, quizá si estaba loco o sabía fingir su locura para negarme su abrazo y justificar su abandono por perseguir el viento.

Quizá la lluvia fría me deje sediento y hambriento, pero ese hombre loco, me ha dejado muy vacío.

Heartbreak Hotel

Siempre me aferro a corazones desesperados. A personas enfermas y sin sentido. Atraído por la melancolía de sus párpados en pleno ocaso.

Me aficiono por las pupilas y los labios rotos. Por los rostros compungidos en su infeliz despojo.

Y no quiero reparar nada. No pretendo ser restaurador de todo lo que está mal con ellas.

A pesar de volverme fanático de lo miserable, yo no puedo serlo, únicamente me gusta admirar la desesperanza y enamorarme de la desdicha.

Mi musa diabólica

No se si eres la creación más extraordinaria que ha existido. Si eres el epítome de la belleza y la música. Quizá eres la flora del prado tornasol, estético y glorioso que reina mi andar.

Podría llegar a creer que eres la musa más bella, poseedora de tantas virtudes de las otras musas. Tú, única reina dichosa y encantadora, helénica hurí, a quien le dedico todas mis batallas como Odiseo en su epopeya.

Y eres la existencia que me llena de vida. Con fanatismo por tus ojos y tu boca de grandeza majestuosa.

No se quien eres. Pero comprendo que con tu nombre y tu vida me satisfaces, me regocijas y me alientas. Más allá del complemento simbólico de tu belleza diabólica, porque solo me inspiras destrucción y ruptura.

Y te quiero entre mi maldad siendo dulzura y entre mi magnanimidad siendo vileza.

Porque mueves en mí la devoción insana, mueves mi villanía noble. Y todo lo que compone al mundo en un extraordinario paisaje ambivalente donde tu bondad me llena y tu maldad me vacía.

El rey de los peones

Me gustaba ser miserable, o quizá no tenía opción. Porque esa era la vida que yo conocía. Aunque tenía elecciones, era demasiado joven para darme cuenta que las había. Mantenerme en lo que me había tocado.

Disfrutaba estar hundido, escupiendo y casi ahogado en la mierda. Con la aceptación de mi infeliz destino.

Esperaba que fuera una fábula moral de redención, que mi vida significara una rebelión espiritual y acabar con el vacío que imperaba. Aún en el aspecto más romántico, que mi tragedia simbolizaba una especie de inspiración y creativa locura que me haría el más hábil de los escribanos.

Porque cada tragedia consistían en una fuente de inspiración. Ser el atormentado, el alcohólico, el afligido eterno y de noble corazón dañado por la vida y las mujeres.

Y ese daño era el aliento de todas mis rimas y palabras rebuscadas.

Siempre pensé que estaba en la gloria. Que ese tormento que sentía dentro de mi, era la causa de mi inspiración. Que estaba en la cumbre de la majestuosidad placentera. Y finalmente atormentado como el origen de toda mi sabiduría artística.

No lo sabía. Pero yo, era el mejor haciendo lo peor.

Era el mejor.

Y creía que el mundo era mío.

Estaba en la cima de mi propio mundo. En el pináculo de la grandeza, en lo más alto, ahí donde cualquiera puede ser rey mientras los peones siguen buscando en el tablero quitar la corona antes que coronarse.

Y yo era el rey de los peones. Era bonito ser insignificante. Ahora no entiendo ¿porque es todo tan complejo? Y yo porque sigo siendo tan insignificante sin ser rey de fantasía

Memorias de mis musas tristes

Recuerdo que imaginaba musas, en cualquier par de muslos satisfechos por mi abuso. En esa anatómica porción, diabólica y traviesa, siempre en contra de mi moralidad y vicios. Pretendiendo que había en aquellos labios y en su vientre envuelto en satín, una fuente de inspiración, yo perdido en aquellos mapas inexplorados, esperando que llegara la inspiración, como llegaban mujeres creyendo que ellas harían brotar mi despertar creativo.

Por años creía que a la musa se le seduce, que era posesiva e infiel, por lo tanto, se le debe admitir cuando llega, sin cuestionar. Pero, como los cuentos infantiles, perdía la fe en eso poco que llegué a creer, porque me hacía feliz creer en la magia de ser elegido por las musas para escribir. Aunque esa idea solo me convertía en un instrumento, un simple medio para expresar algo.

Y siempre que pienso en el proceso creativo, recuerdo persistentemente una escena de “Shakespeare in Love” entre Will y Rosaline, a la vez entre Will y Viola, porque creía que así funcionaba la creación literaria, bastaba con encontrar a una mujer que pudieras profanar y ella te devolvería el cortejo con toneladas de inspiración, a veces, la comunión carnal de dos cuerpos puede llegar a confundir a la mente solitaria y hostil, que sentirse querida o en proceso de enamoramiento, así se tiende abiertamente a brotar de ella una importante ración de palabras que formarán una hermosa prosa.

Si no tienes nada de eso, un amor bonito, un odio absoluto, si no alcanzas los extremos de lo irracional, no puedes aspirar a convertirte en escritor, porque no encontrarás la inspiración necesaria. Quizá no tengas nada, ese vacío te hará crear literatura abundante y profunda.

Si estás en el extremo opuesto. Todo lo que sientas como un poder maravilloso y hermoso dentro de ti, se traduce como un poder creativo inagotable y precioso, en ambas situaciones la musa es la única responsable de sentir tanto amor o tanto odio. Por eso una mujer que te inspire la mejor poesía, la dedicatoria o un epílogo, te hará creer fácilmente que ella es una musa, solo es una mujer, tarde o temprano, se irá de tu vida y no se terminará tu poder creativo, solo cambiará, tú cambiarás.

Por eso, hace mucho que he dejado de buscar musas, en mujeres tan insignificantes que quieren ganarse el derecho de recibir poesías o dedicatorias, que nunca he escrito por encargo. Siempre he tenido el poder de la creación literaria, exista una musa en mi vida o no exista, pero claro, es a veces más confortable creer que tienes a tu musa, para justificar que escribes por un motivo, puede ser que la vida sea tan vacía e insignificante que escribir algo tan hermoso, sería una contradicción a todo lo que conoces.

El viejo

Estoy a unos días de cumplir años. Y envejezco, pero no me vuelvo más sabio. Solo enfermo, pero nadie me compadece. Y soy así, como un viejo lobo que se ha cansado de ir a cazar, de beber, de consumir la porqueria que la vida nos presenta. No lo sé.

Todavía no se que hago aquí. Quizá no tengo unmotivo o una razón. Acaso nada tengo.

Y ¿entonces? Mi vejez es lo único que me alimenta. Que atrae y disecciona.

Soy un hombre viejo. Y todo me es ajeno, tan cansado. Tan enfermo. Todo es una pérdida de tiempo. Todo es una tormenta. Y es que ni siquieratengo ganas de seguir luchando, mis puños tan ariscos y desagradables. Cualquier viento me vence. Y el sol más tibio me quema.

Alguien brinde por mi vejez. He vencido, repitan que he vencido. Alguna victoria, he vencido. O he sido vencido.

El fantasma

Mi padre siempre ha sido un fantasma para mí. Estar con él, en la ausencia, todo lo que no fue y no quiso ser. Hasta muchos años después, que por casualidad o quizá en mi ingenuidad mi camino atravesó el suyo, cuando yo solamente vagaba perdido en mi propia historia, siendo un fantasma también.

Mi padre era un fantasma. Que me ha dificultado llamarle «mi viejo» como la canción antigua de Piero. Así andaba mi viejo. La barba cana y el pelo hirsuto por el polvo y el viento. A veces creo que soy idéntico y me veo así en la proximidad de mi vejez. Ni siquiera le tengo respeto o alguna querencia. Hace mucho que dejé de sentir odio o rencor por él, sin embargo por mí, siento odio y rencor a la vez.

Ahora este viejo me sigue como un fantasma. Y yo no se que hacer cuando me habla, es como un desconocido que pide la hora en la calle. Y al darse vuelta sin creerlo, va una parte de mi en su carga y pesa y se acongoja donde ya no lo veo.

Pero es un fantasma que parece feliz. Yo no se si lo sea. No voy a terminar como él, siendo un fantasma sin alma o sin corazón. Recorriendo las mismas calles, la misma ropa, ese mismo sentido que el viento no conoce. Ese desierto solitario.

Y ahora que el fantasma está presente en mi vida, sigue siendo más fuerte su larga ausencia, y no puedo llamarlo “padre” porque todavía no se lo que sea. ¿Que será para mi?

Un conocido fantasma. O un padre desconocido.